The Wrestler | La luchadora
SCHOOLS, SPORTS | February 12, 2020
The Wrestler | La luchadora

One Freshman Student’s Mission to Change Perceptions of a Male-Dominated Sport

Esmeralda D., a freshman at Eric Solorio Academy High School on Chicago’s Southwest Side, doesn’t shy away from the challenging realities of being a female wrestler. As one of four girls on a team of over twenty students, she says it can be an unfair struggle to be taken seriously when competing in a sport that many perceive to be solely meant for boys. 

“When we go to meets, I don’t like how the boys assume that girls can’t win, or that they’re not as good as them,” she said. “We also have to weigh in separately from the boys. Sometimes, they don’t even weigh us because there aren’t that many girls, and it definitely bothers me because I spend so much time trying to make weight.” 

Despite feeling like she’s competing against gender norms on top of her wrestling opponents, Esmeralda’s commitment to the sport has not wavered. She’s been wrestling since seventh grade, when she would go to a local high school to practice after school. At Solorio, she sandwiches the wrestling season with cross country and track to build her endurance throughout the year. On weekends, she can often be found at the gym lifting weights. While at times it feels as if she’s always training, Esmeralda says that she can already tell that she’s made significant improvements on the wrestling mat. 

“Before I started wrestling, I didn’t really run a lot, and now I can run five miles, which has really helped my endurance for wrestling,” she said. “I’ve won matches against girls because I have more endurance than them.”

One of Esmeralda’s biggest supporters is her sister Melissa, a junior at Solorio who is the captain of the wrestling team and won the girls city wrestling championship this year. Esmeralda says she’s inspired by her sister because when Melissa was a freshman, she was the only girl on the wrestling team. She wants to encourage more girls to join the wrestling team, just like her sister, and will always be Melissa’s biggest fan. 

“When I’m cheering on my sister, I don’t even hear anybody else. I’m just screaming: ‘You got this! You got this!’” she said. “The only time I’m not cheering on my sister is when we’re wrestling at the same time.”

During the wrestling season, Esmeralda and her teammates take part in several different types of competitions. Wrestling teams compete against each other in wrestling meets, with each student’s individual score compiled into one overall score for Solorio. And wrestling tournaments are where students compete as individuals. At the end of the season, Esmeralda will wrestle in the sectional competition and, if she advances from there, the state competition. 

Regardless of the setting or the stakes, she says she has the same routine before every match. 

“I try to play my music and tune out everything else, and just focus on the fact that it’s me against whoever I’m competing against,” she said. “For sectionals, I really want to get out of my head. I feel like I do better when I’m not overthinking.” 

Esmeralda says that wrestling has taught her perseverance above anything else. It’s a skill that has come in handy when balancing academics and athletics within her busy schedule. Inside the classroom, her favorite subject is social studies because she loves all things political. Eventually, she hopes to become a criminal justice lawyer. Just like with wrestling, Esmeralda says there’s a gender imbalance in politics that she hopes she can impact. 

“Representation is a big missing component of politics,” she said. “There’s not a lot of women in politics in general, which is something that needs to change.” 

Progress doesn’t always require hundreds of people or a world-wide protest. Sometimes, progress is a high school student walking onto a wrestling mat—determined and unafraid. 


La misión de una estudiante de 9.° grado de cambiar las percepciones de un deporte dominado por los hombres

Esmeralda D., una estudiante de 9.° grado de la escuela Solorio en el suroeste de Chicago, no evita hablar de las difíciles realidades de ser una luchadora. Como una de las cuatro chicas que forma parte de un equipo de más de veinte estudiantes, dice que puede ser difícil que la tomen en serio cuando compite en un deporte que muchos consideran ser únicamente para los chicos. 

“Cuando vamos a las competencias, no me gusta que los chicos supongan que las chicas no pueden ganar, o que no son tan competentes como ellos”, dijo. “También tenemos que pesarnos separadamente de los chicos. A veces, ni siquiera nos pesan porque no hay tantas chicas, y definitivamente me molesta porque dedico mucho tiempo tratando de ganar peso”. 

A pesar de sentir que compite contra las normas de género además de sus oponentes de lucha libre, no ha dudado de su compromiso con el deporte. Ha estado practicando este deporte desde el 7.° grado, cuando iba a una escuela secundaria local para practicar después de la jornada escolar. En la escuela, intercala la temporada de lucha con el campo a través y el atletismo para aumentar su resistencia durante todo el año. Los fines de semana, a menudo  levanta pesas en el gimnasio. Aunque a veces parece que siempre está entrenando, se ha dado cuenta de que ha mejorado significativamente sus habilidades de lucha.

“Antes de practicar lucha, no corría mucho, y ahora puedo correr cinco millas, lo que ha aumentado mucho mi resistencia a la hora de luchar”, dijo. “He ganado partidos contra chicas porque tenía más resistencia que ellas”.

Una de las personas que más la ha apoyado ha sido su hermana Melissa, una estudiante de 11.° grado de la misma escuela. También es la capitana del equipo de lucha, y este año ganó el campeonato de lucha de chicas de la ciudad. Esmeralda dice que se ha inspirado por su hermana porque cuando Melissa cursaba el 9.° grado, era la única chica del equipo. Esmeralda quiere motivar a más chicas, como su hermana, a que se unan al equipo, y siempre será la mayor fan de Melissa. 

“Cuando apoyo a mi hermana durante sus competencias, no escucho a nadie más. Sólo grito: ‘¡Tú puedes! ¡Lo lograrás!’, dijo. “La única vez que no lo hago es cuando luchamos al mismo tiempo”. 

Durante la temporada de lucha, Esmeralda y sus compañeros participan en varios tipos de competencia. Los equipos compiten entre sí en las competencias, donde la escuela Solorio recibe un puntaje total combinando la puntuación individual de cada estudiante. Y en los torneos los estudiantes compiten de manera individual. Al final de la temporada, Esmeralda luchará en la competencia regional y, si gana, avanzará a la estatal. 

Sin importar el lugar o los resultados de cada competencia, Esmeralda practica la misma rutina antes de cada partido. 

“Trato de escuchar música y de no prestarle atención a nada más, y solo me concentro en el hecho de que es entre mi oponente y yo”, dijo. “Durante las competencias regionales, trato de no pensar mucho. Siento que me va mejor cuando dejo de pensar de más”. 

Esmeralda dice que la lucha le ha enseñado sobre todo a ser persistente. Es una habilidad que le ha ayudado a balancear la vida académica y deportiva con un horario apretado. En el aula, su asignatura favorita es estudios sociales porque le encanta todo lo que es político. En el futuro, espera convertirse en una abogada de justicia criminal. Al igual que en la lucha, Esmeralda considera que existe una desigualdad de género en la política, un ámbito en que espera haciar cambios. 

“La representación de género es un gran componente del que se carece en la política”, dijo. “En general, no hay muchas mujeres en la política, lo cual es algo que debe cambiar. 

Para progresar no siempre requiere cientos de personas o una protesta global. A veces el  progreso puede reflejarse cuando una estudiante de secundaria camina —de forma decidida y valiente— sobre una alfombrilla de lucha.